por Marcelo Roitbarg
Es de público y notorio que la IA ha revolucionado el campo de los avances tecnológicos referidos a la comunicación y la enseñanza. Antes, nos parecía que Google nos daba toda la información que podíamos necesitar y, de alguna forma, conmovía los cimientos de los sistemas educativos establecidos; creíamos que Wikipedia lo sabía todo, tanto más cuando nos dábamos cuenta de que crecía día a día en sus posibilidades, con fuentes inagotables que la nutrían continuamente. Pero la IA superó todo, porque, aunque no sea así en la realidad,… PIENSA. ¿Qué quiero decir con esto?, justamente lo que la mayoría de la gente cree, es decir, que la IA piensa por nosotros y tiene facultades intelectivas superadoras. En cierta forma, parece ser así, aunque en la realidad, no lo es.
La IA, además de tener acceso a toda la información y datos disponibles en innumerables fuentes, nos facilita la tarea de pensar. Si deseamos algo, solamente se lo preguntamos y si, además, sabemos preguntar, la IA nos dará respuestas sorprendentes. Hay que nutrirla con la data necesaria para que pueda responder. Recordemos que, hace tres o cuatro años atrás, la huelga de guionistas de Hollywood, obedeció a que las productoras de películas y series encargaron la elaboración guiones a la IA, movidos, claro está, por el deseo de bajar costos y aumentar ganancias. El resultado del experimento de dichos productores fue un fracaso y, finalmente, tuvieron que llegar a un acuerdo con los guionistas. ¿Qué ocurrió? La IA podía hacer guiones sorprendentes en escaso tiempo, incluso imitando estilos de algunos guionistas reconocidos, pero a esas tramas les faltaba algo que sólo el pensamiento humano podía aportar: el sentimiento, el sentido del humor, el sufrimiento, el dolor, la alegría, la melancolía, el amor, el desasosiego, la misericordia, etc., cosas que, por ahora, sólo los seres humanos podemos experimentar y plasmar en una crónica, relato, libro, “paper”. La IA no siente y, por esa razón, no puede pensar.
La IA, como hemos dicho, trae respuestas a nuestras vidas inimaginables hace pocos años. La IA puede imitar nuestras formas y fisonomía; puede quitar espacio e incluso eliminar ciertas tareas y servicios; puede incidir directamente en el mercado laboral tornando en innecesarias ciertas actividades u ofreciendo alternativas más económicas y muchas veces mejores.
Luego de esta introducción, creo que puedo referirme al tema que me ocupa y que he expuesto en el título. ¿Cómo incide la IA en el Derecho y en la Abogacía?
Si bien el Derecho es mucho más que el conjunto de normas de carácter obligatorio que dicta el Estado para regular la conducta de las personas, tomaremos esta acepción por razones prácticas. En este marco la IA puede llegar a ser fundamental, porque, sabiendo preguntar y ofreciéndole pautas de ordenación y criterios de organización, puede brindar resultados perfectos; incluso ir más allá y, ante un caso puntual consultado, referirnos si existen proyectos normativos al respecto. En este campo, la IA nuclea en sus respuestas normas, jurisprudencia y costumbres jurídicas, haciendo fácil una búsqueda que antes llevaba arduas horas de investigación.
Pero la Abogacía es distinta. Los abogados usamos la ley, la jurisprudencia y la costumbre jurídica, incluso las opiniones de los juristas, pero las amoldamos a nuestras necesidades o a la de los temas a defender. El criterio jurídico, consistente en elegir la mejor estrategia en un juicio, en una defensa, en un dictamen no lo da la IA; es trabajo humano, a veces dificultoso, que nos enfrenta a contradicciones, a soluciones complejas, y en el caso de los juicios o conflictos, a tratar de interpretar cuál podría ser el criterio del tribunal para resolver el caso. Un maestro del Derecho Procesal, Eduardo J. Couture, en una de las máximas de su Decálogo del Abogado, decía que el Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando (“el ejercicio del Derecho requiere un pensamiento constante y crítico”).
En resumen y para culminar, la IA es fantástica, pero no es más que una herramienta, como lo fueron antes la computación, las redes sociales, Google, Wikipedia e infinidad de portales de Internet. Para el conocimiento de las normas y soluciones jurisprudenciales, nos brinda una ayuda inestimable, pero quien piensa es siempre el abogado.
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